Newton lo predijo 

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La Ley de la Gravitación Universal, del brillante Isaac Newton, en términos físicos resulta complicada de explicar y entender pero, afortunadamente para aquellos que las ciencias exactas no son nuestro fuerte, se podría resumir en el famoso lema: todo lo que sube tiene que bajar.

Si bien esta ley aplica para todo aquello que dentro de la Tierra se ve forzado al núcleo de ésta debido a la fuera de gravedad, el habla cotidiana la ha adaptado para referirse a personas o empresas (al final vienen siendo lo mismo) que tienen demasiado poder y/o dinero, por lo general mal habido o empleado, y que se cree llegara un momento en que se les terminará.

México es un país donde ese dicho aplica para muchos empresario y políticos. Desgraciadamente, en nuestro país, aquellos que nunca han tenido y de repente llegan a tener bastante (los llamados “nuevos ricos”) se ven nublados por el poder y el dinero, lo cual provoca actitudes despóticas. Sus actos y sus dichos se ven amparados por la corrupción y la impunidad. La brecha de desigualdad con los que menos tienen se amplía y, de forma directamente proporcional, también el resentimiento social. 

Muchos esperan con morbosa ansía la caída de aquellos que se encuentran “arriba”.

Uno de esos entes sumamente empoderado en México, y que lleva estándolo gran parte del siglo pasado y lo que va de este, es Televisa, comandada por Emilio Azcárraga Jean. La cadena de comunicación y entretenimiento de habla hispana  tiene un alcance territorial como pocos, sus “artistas” (ellos se empeñan en llamarlos así) cobran sueldos millonarios, compran contenidos exclusivos de distintos países y de igual forma distribuyen contenidos a otras partes del mundo y, también pero no menos importante, mantienen una estrecha relación con el poder político, lo cual obviamente trae importantes beneficios. 

Lo anterior fue una breve descripción de lo que es Televisa, aunque igualmente innecesaria ya que tristemente nos es imposible separarla de la vida contemporánea de México, por lo tanto la mayoría de la población del país conoce a la empresa y sabe sobre ella. Todo pareciera éxito, felicidad y tranquilidad, pero desde hace unos meses varios reportajes y notas periodísticas señalan que dentro es todo lo contrario.

Televisa, que cotiza en la Bola Mexicana de Valores, ha registrado pérdidas multimillonarias, su nivel de credibilidad está por los suelos (como principales culpables de esto son sus conductores de noticias, encabezados por Joaquín López-Doriga), su producción de contenidos de entretenimiento ha sido un fracaso y se han visto refugiados en la constante e interminable repetición de fórmulas televisivas, las cuales se ha comprobado ya no tienen éxito, y su barra deportiva se ha visto afectada por problemas internos lo que provocó la salida del titular, Javier Alarcón. 

Como solución la empresa ha removido a directivos menores (caso Alarcón), planean una renovación en su barra de noticieros con la cual esperan recuperar público y credibilidad y, en un esfuerzo desesperado por competir en el medio digital, lanzaron la plataforma Blim, una especie de Netflix del tercer mundo con lo que se han ganado la risa y burla de la gente en redes sociales. 

Entonces, Newton y el dicho popular no se equivocaban, si bien la crisis que enfrenta Televisa no implica ni pronostica una fuerte caída a corto plazo, su derrumbe es inminente y, sobre todo, necesario. 

 

Son muchos los intelectuales, analistas, especialistas y gente en general que esperan con ansías la caída de esa empresa que tanto daño ha hecho al país, tanto ha denigrado y menospreciado a los consumidores, tanto se ha beneficiado del poder. La física más elemental es capaz de destruir hasta al más poderoso. Con la naturaleza no se juega.