Genio en la calle, genio en todos lados

Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

disn

Somerset es un pueblo al sur de Inglaterra, probablemente desconocido para muchos hasta hace poco. La ciudad de Bristol, igualmente en la tierra de San Jorge, no está lejos de Somerset; en la cultura popular de las dos últimas décadas del siglo pasado y la primera de este

, Bristol dio al mundo dos cosas notables: el trip-hop (genero musical encabezado por bandas como Portishead y Massive Attack) y Banksy, el antes graffierto y ahora el artista más destacado de los últimos tiempos. Es probable que desde Jean-Michel Basquiat no haya habido una figura similar.

Banksy es toda una leyenda de street art (arte callejero o urbano), el cual siempre ha estado marcado por el sarcasmo, la ironía, la irreverencia y, por lo tanto, la crítica. Tanto en la acción como en sustancia. Sus tags y throw ups de la década de los noventa no son tan conocidos, pero es en la transición de siglos que comienza con la técnica del esténcil, sin duda alguna la que le brindó fama a nivel mundial. ¿Quién no ha visto pintados a niños con armas, corazones rotos, soldados, ratas, frases, a la reina, etc., en diversas fotos por todo el globo?

A lo largo de su carrera ha tenido diversas colaboraciones para beneficencio con marcas de gran prestigio, ha expuesto en galerías en Estados Unidos y Europa, ha pintado en lugares tan polémicos, remotos e importantes como el muro de Cisjordania en Medio Oriente y en San Cristóbal de las Casas en el Estado de Chiapas. Su activismo en pro de los derechos humanos, de los derechos de los niños, su crítica al consumismo y a la guerra, a la monarquía y al establishment, sumado al hecho de que no se conoce su verdadera identidad, lo han cubierto de un halo de misticismo, gloria y heroísmo. Ídolo de jóvenes, aclamado por críticos, curadores y galeristas. También, por otra parte, ha sido denostado y menospreciado, tanto por personajes ligados a la política (que lo llaman delincuente) como por expertos en arte (para quienes no es más que un farsante y oportunista). Como (casi) todo, es subjetivo; la única verdad comprobable es la polémica que genera. 

Fue en 2013 cuando Banksy se consolidó como uno de los artistas más importantes de la actualidad. En ese año realizó una residencia en la ciudad de Nueva York, en la cual durante un mes realizó diversas obras (graffiti, esténcil, instalación, pintura y escultura). Better Out than In (Mejor afuera que adentro), generó gran expectativa, cobertura de los medios y, claro está, campañas en contra y a favor de las obras del artista. Banksy se consagraba en la gran galería mundial. Vale mucho la pena buscar en Internet la serie de obras –con su respectiva explicación en audio o en texto.

Con su residencia en la gran capital cultural, económica y artística de Estados Unidos, este outsider del arte consolida la imagen que venía forjando desde hacia varias décadas con sus primeros esténciles. La crítica al consumo, a los imperios, los monopolios, la guerra y demás males de la sociedad contemporánea estaban plagados de referencias a símbolos de la cultura popular, como toda buena vanguardia contemporánea (herencia del pop art). Lo mejor estaría por venir.

Regresamos a Somerset, aquél pueblo inglés mencionado al inicio de este texto. Hace algunas décadas ahí solía existir un parque acuático llamado Tropicana, el cual con el paso del tiempo vino a menos hasta desaparecer y quedar reducido a un edificio antiguo y descuidado y un gran terreno desocupado, viejo y sucio. Un buen día comenzaron a llegar grúas, material, cajas, camiones, etc. Los habitantes fueron informados que una producción de Hollywood sería filmada en el lugar, solo cuatro personas en la ciudad sabían la verdad, al parecer nadie cuestionó esa información. 

Pasó el tiempo y la intriga aumentaba así como los rumores. De pronto una estructura, con torres de punta y similar al mítico castillo que recibe a los visitantes en los parques de Disney apareció en el horizonte. Se filtró el rumor de una posible gran instalación de Banksy, los medios al enterarse no hicieron esperar la información a pesar de la petición del artista de evitar el spoiler. La verdad estaba revelada y la expectación crecía.

Dismaland fue la gran instalación de Banksy (dismal= deprimente en inglés, land=tierra, lugar). Un parque temático, donde a diferencia de Disneyland (obvia referencia y clara crítica), sonreír estaba prohibido y era casi imposible, donde lo lúgubre y morboso se conjuntaba con lo extraño y lo crudo. Un parque temático que en palabras del propio Banksy “tocaba temas de verdadera importancia”. La entrada, 5 libras por persona, generó 150 mil visitantes y una derrama de 127 millones de euros en la ciudad. Sin duda un éxito, además de registrar más visitantes por día que en alguna grandes exposiciones en las más prestigiosas galerposas galer exposiciones en las m o. un a referencia y clara cr y quedar reducido a un edificio viejo y un gran terrenoías y museos de Inglaterra como el Museo Británico o la Tate Modern. 

El crítico de arte Dan Brooks de la New York Times Magazine compara el sarcasmo y la ironía de Banksy con lo que el kitsch fue en su tiempo. Una forma de estructurar y crear ideas, conceptos y objetos a través de fórmulas pre establecidas, con lo cual el espectador de antemano tiene asumido el origen y el significado de la obra, por lo tanto la experiencia de entendimiento se ve reducida, casi suprimida, y queda en una mera contemplación. La idea ya está ahí, la fórmula tiene éxito una vez más. 

Dismaland contó con la participación de 58 artistas de diversas disciplinas, algunos crearon obras nuevas para la instalación en específico, otros mostraron piezas de su trabajo ya realizado. Cabe mencionar que todos los participantes se caracterizan por su tendencia crítica y transgresora a las llamadas “convenciones” del arte. Destacados “pesos pesados” del arte colaboraron en este singular proyecto: Damien Hirst, Jimmy Cauti, Mike Ross, Ben Long, entre otros. Además hubo presentaciones musicales de gran nivel como Damon Albarn, Pussy Riot, Run the Jewels y De La Soul.

Independientemente de si Banksy se vale de una fórmula para generar su trabajo, es innegable la trascendencia y la importancia de este. La esencia de esa fórmula busca la transgresión, la crítica y la consciencia; si bien no provoca una reflexión sesuda como lo harían algunas obras del expresionismo abstracto, por decir algo, sí genera la duda y el análisis en el espectador, de una manera directa, dura y cruda. Basta ver las fotos de dicho proyecto. 

Como instalación Dismaland existió del 21 de agosto al 21 de septiembre. Es probable que (todavía) no se le considere una obra paradigmática del arte contemporáneo pero con lo que yo me quedo es con el conjunto de lo que es y representa. Sí al arte por y para todos, sí al arte que habla de los grandes temas que importan al mundo contemporáneo (verdadero arte contemporáneo!). Sí al arte incluyente, que se libera del elitismo y snobismo de las galerías. Qué importa si Banksy encontró una zona de confort, por así llamarlo, si su trabajo plantea preguntas. 

 

Dismaland se ha desmontado y viaja a la ciudad francesa de Calais, donde miles de refugiados han establecido campos de desplazados. La estructura de lo que alguna vez fue el lugar más triste sobre la Tierra ahora servirá para dar techo temporal a unos cuantos que buscan escapar y combatir todos aquellos horrores del mundo actual, los mismo que este artista de Bristol combate y repudia a base de latas de aerosol.