Los 43. Lecciones de una normal rural. (1)

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  1. 1.Epígrafe y preámbulo 

La necesidad de participar en una antología literaria que conmemora el crimen de Ayotzinapa, me hizo reflexionar sobre el oficio del escritor y su relación con la esencia de la política,

es decir con una determinada ética social. Y aunque no comparto la noción moral de Robert Louis Stevenson, regida por la época histórica que le tocó vivir, suscribo tres citas de su ensayo “La moral de la profesión de letras” para establecer aquí un concepto general de la literatura:

Tratar todos los temas con la disposición más elevada, más honorable y más

valiente, siendo fiel a los hechos, es el primer deber de todo escritor…

La literatura, como cualquier otro arte, es singularmente interesante para el artista 

y, en un grado único entre las artes, es útil a la humanidad…

…siempre es aberrante decir lo que es falso, y siempre es peligroso callar lo que es cierto…  (2)

 

Por otra parte, durante la presentación de la antología literaria Los 

43 el 9 de septiembre de 2015, dos hechos acrecentaron mi convicción de la clarividencia de la palabra poética. 

Uno fue que tal presentación se llevara a efecto en El Museo de la Memoria Indómita, un lugar que honra la memoria de quienes se vienen oponiendo a la desaparición forzada desde mediados de los años setenta del siglo pasado, en una lucha cuyo rostro y corazón se sintetiza en Rosario Ibarra y en una consigna que hoy se revela como indestructible: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. 

Estar en ese Museo significó descubrir que el levantamiento de la huelga de hambre las madres de los desaparecidos efectuado fines de agosto de 1978 (3) no constituyó una derrota, al menos no una derrota total ni definitiva.

El otro hecho fue la magnífica participación de Pterocles Arenarius, quien recurrió al mito del Minotauro para ilustrar la responsabilidad de un tirano en el sacrificio de la mejor juventud del Estado por él encabezado.    

  1. 2.Crimen de Estado 

La presentación del informe del Grupo Independiente de Expertos 

Internacionales (GIEI) sobre Ayotzinapa con la aparición de esta antología sobre el mismo tema y con la efervescencia que produce la cercanía del primer aniversario de esos hechos, convergen en una primera conclusión irrefutable: lo ocurrido entre el 26 y el 27 de septiembre de 2014 fue una operación coordinada entre las autoridades federales, estatales y municipales.  

Lo anterior ya lo habían dado a conocer científicos mexicanos y argentinos desde antes de estas fechas, lo mismo que algunos trabajadores de la palabra, es decir algunos de los pocos –pero de verdad muy pocos– periodistas que honran su profesión, y de otros pocos narradores y poetas incluidos en el libro Los 43, que en cuyos textos dijeron, dicen y diránirremediablemente lo que antes no se podía decir de ninguna otra manera.

  1. 3.Ser vidente

Para los efectos de esta reseña, pero también regido por un gusto personal 

y para fortalecer mi tesis sobre la clarividencia de las palabras, elegí cinco autores cuyos textos coinciden con mi propuesta estética y ética. Quizá no esté de más precisar que en el momento de la elección ignoraba quiénes entre los 52 participarían en la presentación.

  Luis Fernando Borja Hernández dice en el prólogo:

Ahí donde el poder simula, las palabras se sublevan; ahí donde los jueces venden la justicia, los cuentos nos ayudan a sentir la venda en nuestros ojos… (4)

 

Enrique González Rojo Arthur, en “Y vivos los queremos”, comienza 

cantando “La incertidumbre prende fuego/ en las partes inflamables del afán de justicia/…” Versos abajo asevera que “no hay duda ya/ de quiénes son los responsables:”/… Y luego se refiere al “basurero de Cocula/ donde el poder ha sembrado con ahínco/ su versión…” (5) 

González Rojo nombra pues la incertidumbre y denuncia tanto a los responsables como la versión, sembrada con un “ahínco” que las palabras revelan como vano.

Por su parte, Pterocles Arenarius y Jorge Arturo Borja, apuestan por entrar en el alma de los “responsables”. Aun conociendo a fondo su deslumbrante obra narrativa, el primero, Arenarius, asombra al alcanzar la mayor profundidad en todo el libro cuando cuenta el perfeccionismo de un sicario obsesionado por la limpieza (6). El segundo, Jorge Arturo Borja, en un texto impecable desde cualquier punto de vista (7), describe el hambre irresuelta e irresoluble de un personaje que está jugando golf y que se llama Enrique…

Sin embargo el texto idóneo para esta antología literaria, el que dice aquello que resultaba imposible decir sin recurrir a la ciencia, el que ve lo que nadie desde fuera de la esfera “del poder” podía ver, es un texto dramático sintácticamente perfectible. Me refiero a “El acuerdo”, que desciende con maestría hasta hoy literariamente insuperada a la atmósfera y al espíritu que prevalecían en el momento en que “los responsables” sembraban su mentira histórica

Obra del dramaturgo Javier Bustillos Zamorano “El acuerdo” apareció por primera vez  a principios de este año(8), así que su clarividencia es difícilmente superable. Porque en aquel entonces sólo unos científicos de la UNAM, la UAM, y los expertos de Argentina, y periodistas de excepción como Anabel Hernández y los moneros de “El Chamuco”, osaban señalar y documentar el crimen que, ahora se sabe sin lugar a dudas, tuvo participación del gobierno federal.

  1. 4.Enseñanzas

Ayotzinapa, por encima de las catarsis y del oportunismo de quienes andan 

a la caza de causas apetecibles para la “izquierda” electoral, enseña que la vida y la escritura pueden tener sentido cuando los actos y las palabras formulan algo más que una consigna exclusivamente política, un grito de sobrevivencia elemental, una demanda perenne e innegociable: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.  

Las palabras de los padres de los normalistas desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Guerrero, expresan una conducta íntegra y consecuente, una conducta capaz de sobreponerse al linchamiento mediático, a los intentos de extorsión, compra e intimidación y a las maniobras de división y provocación montadas por los gobiernos municipal, estatal y federal. 

Las continuidad de la lucha contra la desaparición forzada de personas trasciende modas, muertes y azares, y demuestra que siempre, a pesar de todos los pesares, cuando se tiene la razón aunque se carezca de la fuerza suficiente. Porque la presentación formal del informe del GIEI de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos constituyó una victoria para Ayotzinapa pero también para Eureka, cuyo reclamo sigue resonando cuarenta años después y más fuerte que nunca. 

 

  1. (1)Los 43 Antología literaria. México, Los bastardos de la uva, 2015. Compilación de Eusebio Ruvalcaba y Jorge Arturo Borja.
  2. (2)Robert Louis Stevenson, Memoria para el olvido, los ensayos de.México, FCE-Ediciones Siruela, 2008, pp. 218, 219 y 222.
  3. (3) “Diario de una huelga”, Elena Poniatowska, Fuerte es el silencio, México, ERA, 1980, pp.  
  4. (4)Op. cit., p. 11. Sobre el tratamiento literario del tema del crimen de Estado en el texto de presentación de Pterocles Arenarius, cabe agregar que Julio Cortázar recurre al mito del Minotauro en Los reyes y que a principios de los 1970 trata de la desaparición de personas en un cuento fantástico incluido en Octaedro. Y la historia central de mi novela La vida no vale nada, escrita a principios de los 1980, es la desaparición forzada del personaje Gabriel.
  5. (5)Op. cit., pp. 33-35
  6. (6)Op. cit., pp. 44-50
  7. (7)Op. cit., pp. 168-174
  8. (8)En las pp.135-139 de Los 43 y también en La Jornada Semanal, suplemento cultural de La Jornada del 8 de febrero de 2015.